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La adaptación de un lente de contacto no comienza eligiendo una marca o decidiendo si utilizaremos un lente blando, rígido o escleral.
Para nosotros, la primera pregunta es otra:
Esta distinción es especialmente importante en nuestra Unidad de Córnea y Contactología, ya que una parte importante de los pacientes que valoramos presentan queratocono, astigmatismo irregular, cirugías corneales previas, anillos intraestromales, trasplantes de córnea u otras alteraciones de la superficie ocular.
El proceso de adaptación será completamente diferente en una córnea sana que en una córnea compleja.
Antes de decidir qué lente vamos a adaptar debemos conocer las características del ojo.
De manera práctica, podemos diferenciar inicialmente dos grandes situaciones:
Consideramos una córnea sin patología aquella en la que la exploración oftalmológica no muestra una enfermedad corneal significativa y cuya refracción y astigmatismo presentan características regulares.
En estos pacientes, la visión suele mejorar adecuadamente con lentes convencionales de armazón.
Son ojos que pueden presentar una enfermedad corneal, alteraciones importantes de su geometría, astigmatismo irregular, adelgazamiento, cicatrices, opacidades o modificaciones producidas por cirugías previas.
Algunos ejemplos son:
Queratocono.
Ectasias corneales.
Degeneración marginal pelúcida.
Córneas con anillos intraestromales.
Trasplantes de córnea.
Cicatrices corneales.
Ectasia después de cirugía refractiva.
Córneas irregulares después de LASIK, PRK u otras cirugías.
Complicaciones de cirugías corneales previas.
Determinados casos de ojo seco y enfermedad de la superficie ocular.
En estos pacientes, la adaptación deja de ser únicamente una cuestión de graduación.
Cuando la córnea es sana, presenta un astigmatismo regular y conseguimos una buena visión mediante lentes de armazón convencionales, generalmente podemos comenzar intentando una adaptación con lentes de contacto blandos.
Una cuestión importante es que no todos los pacientes que desean utilizar lentes de contacto necesitan una topografía corneal.
En una córnea clínicamente normal, una exploración oftalmológica adecuada, la refracción y el comportamiento visual del paciente pueden aportar información suficiente para comenzar una adaptación convencional.
Si durante la exploración encontramos algún dato sospechoso, la situación cambia y podemos solicitar estudios complementarios antes de continuar.
Para muchas córneas normales, los lentes blandos constituyen una excelente primera opción.
Permiten corregir una gran variedad de miopías, hipermetropías y astigmatismos y generalmente ofrecen una adaptación relativamente rápida y buena comodidad inicial.
Sin embargo, también tienen limitaciones.
Las graduaciones extremadamente altas de:
Miopía.
Hipermetropía.
Astigmatismo.
pueden encontrarse fuera de los parámetros habituales de los lentes blandos comerciales.
En determinadas situaciones pueden solicitarse lentes blandos especiales fabricados específicamente para el paciente, aunque sus tiempos de fabricación y entrega pueden ser considerablemente mayores.
Otra posibilidad es valorar lentes rígidos personalizados u otros diseños especiales.
Un lente blando necesita una superficie ocular suficientemente saludable para mantener una utilización confortable.
Esto adquiere especial importancia en pacientes con:
Ojo seco.
Alteraciones de la película lagrimal.
Exposición prolongada a aire acondicionado.
Ambientes de baja humedad.
Trabajos con corrientes de aire constantes.
Jornadas prolongadas frente a pantallas.
Un ejemplo característico son determinadas profesiones relacionadas con la aviación, donde pueden coincidir baja humedad ambiental, aire acondicionado y muchas horas de utilización.
En estos pacientes no basta con conocer la graduación: debemos valorar también la superficie ocular.
Este punto merece especial atención.
En ocasiones recibimos pacientes con queratocono incipiente o leve que utilizan lentes de contacto blandos tóricos.
Esto no significa que un lente blando tórico esté contraindicado en todos los pacientes con queratocono. Existen casos seleccionados en los que puede proporcionar una visión y estabilidad aceptables.
Sin embargo, el queratocono produce una deformación progresivamente irregular de la córnea y puede generar un componente de astigmatismo que un lente blando convencional no siempre consigue compensar adecuadamente.
Además, algunos lentes tóricos pueden presentar rotación o inestabilidad, modificando la posición del cilindro y provocando fluctuaciones visuales.
Por ello, ante un queratocono no nos interesa solamente saber:
“¿Cuántas dioptrías tiene?”
Necesitamos conocer cómo es esa córnea.
Si la calidad visual obtenida con el lente blando es insuficiente, existen otras posibilidades, entre ellas lentes RGP corneales, híbridos, sistemas piggyback y lentes esclerales.
Cuando existe una córnea alterada, nuestra estrategia cambia.
En estos pacientes debemos comprender primero la enfermedad corneal y su geometría antes de seleccionar el lente.
Esto es especialmente relevante en:
Queratoconos moderados o avanzados.
Astigmatismos irregulares.
Ectasias.
Anillos intraestromales.
Trasplantes de córnea.
Cicatrices.
Cirugía refractiva previa.
Complicaciones de cirugías corneales.
Un lente puede proporcionar una excelente visión y, sin embargo, presentar una relación anatómica inadecuada con el ojo.
Y también puede ocurrir lo contrario: conseguir una adaptación anatómicamente satisfactoria pero mantener una graduación residual que todavía necesita optimización.
Por ello valoramos anatomía y función visual por separado y posteriormente en conjunto.
En pacientes con enfermedad corneal o sospecha de irregularidad, consideramos especialmente importante disponer de un estudio de la geometría corneal.
Habitualmente solicitamos una topografía o tomografía corneal reciente, idealmente realizada en los últimos tres meses, aunque la vigencia necesaria puede variar dependiendo de la enfermedad y de su evolución.
El paciente puede traer estudios realizados previamente en otros centros.
Esto es importante porque atendemos pacientes procedentes no solamente de Ciudad de México, sino también de otros estados de la República Mexicana y pacientes internacionales.
Cuando necesitamos estudiar una córnea patológica, nos resulta especialmente útil la tomografía corneal mediante Pentacam.
Es una plataforma que proporciona información muy completa sobre la geometría y características de la córnea y tiene particular utilidad en el estudio del queratocono y otras ectasias.
No realizamos actualmente este estudio dentro de nuestro consultorio.
Cuando es necesario, podemos proporcionar al paciente una orden y orientarlo hacia centros de diagnóstico oftalmológico cercanos donde puede realizarlo.
Si el paciente ya dispone de un estudio reciente y de calidad adecuada, puede traerlo a su valoración.
Los pacientes con enfermedades corneales no deberían ser valorados exclusivamente desde el punto de vista de la graduación.
Por ello, en nuestra Unidad de Córnea y Contactología integramos ambas áreas.
Valoración oftalmológica
Permite estudiar:
El diagnóstico corneal.
La superficie ocular.
La estabilidad de la enfermedad.
La transparencia corneal.
La presencia de cicatrices.
La existencia de adelgazamiento.
Cirugías previas.
Posibles complicaciones.
Las alternativas médicas o quirúrgicas disponibles.
La valoración oftalmológica completa tiene una duración aproximada de 60 minutos.
Su objetivo no es únicamente determinar qué lente puede utilizar el paciente, sino entender su enfermedad y explicarle las diferentes posibilidades de tratamiento.
En ocasiones la mejor alternativa será un lente de contacto.
En otras situaciones puede ser necesario tratar primero la superficie ocular, vigilar la progresión de una enfermedad, realizar algún procedimiento o considerar una alternativa quirúrgica.
Y existen córneas extremadamente complejas en las que debemos explicar desde el principio las limitaciones razonables que podemos encontrar en la rehabilitación visual.
Antes de iniciar una nueva adaptación diferenciamos también entre un paciente que nunca ha utilizado lentes y uno que ya es usuario.
Si ya utiliza lentes de contacto, queremos verlos.
Nos interesa comprobar:
Qué tipo de lente utiliza.
Su diseño.
Su estado.
Cómo se relaciona con la córnea.
Su movilidad.
Su estabilidad.
La visión obtenida.
La graduación residual.
Las horas de utilización.
La comodidad.
Los hábitos de limpieza y mantenimiento.
Por ello, si ya utiliza lentes especiales, es recomendable acudir a la valoración con ellos y, cuando sea posible, con la información disponible de la adaptación anterior.
Al realizar segundas valoraciones podemos encontrar situaciones muy diferentes.
En lentes RGP corneales podemos observar diseños excesivamente planos o cerrados, movilidad excesiva o insuficiente, descentramiento o una relación mejorable con la córnea.
En lentes esclerales podemos encontrar, entre otras situaciones:
Bóveda excesivamente alta.
Bóveda insuficiente.
Apoyo periférico mejorable.
Problemas de centrado.
Graduación residual.
Astigmatismo residual.
Empañamiento durante el uso.
Incomodidad después de varias horas.
Hábitos de utilización o higiene que conviene modificar.
Esto no significa que toda adaptación previa sea incorrecta ni que exista un lente perfecto.
Las córneas complejas pueden requerir compromisos y modificaciones sucesivas para conseguir el mejor equilibrio entre salud ocular, visión, comodidad y estabilidad.
No todos los pacientes tienen la misma tolerancia.
Los lentes RGP corneales pueden proporcionar una calidad óptica extraordinaria en determinadas córneas, pero algunos pacientes presentan dificultades de adaptación o comodidad.
Esto no significa necesariamente que debamos abandonar la rehabilitación con lentes de contacto.
Podemos valorar otras estrategias como:
Otro diseño de RGP corneal.
Sistemas piggyback.
Lentes híbridos.
Lentes esclerales.
Una ventaja de realizar pruebas durante la consulta es que el paciente puede experimentar personalmente las diferencias entre los distintos sistemas.
La comodidad de un lente no puede predecirse completamente sobre el papel.
Una vez estudiada la córnea, el contactólogo comienza el proceso de adaptación utilizando diferentes lentes de prueba y, cuando es necesario, diferentes diseños.
30 minutos o más
Alrededor de 1 hora
Aproximadamente 2 horas, pudiendo prolongarse.
En algunos pacientes necesitamos probar diferentes familias de lentes durante la misma valoración.
En estos casos, una consulta de adaptación puede prolongarse 2–3 horas o incluso más.
No buscamos terminar rápido.
Buscamos obtener información suficiente para seleccionar razonablemente el diseño que pueda ofrecer el mejor equilibrio entre visión, anatomía y comodidad.
Algunos lentes, particularmente los esclerales, deben permanecer colocados durante un periodo suficiente para poder valorar adecuadamente su comportamiento.
Un lente recién colocado no necesariamente se comportará exactamente igual después de asentarse.
Por ello analizamos diferentes parámetros después de un periodo de utilización antes de tomar determinadas decisiones sobre el diseño definitivo.
Esto explica por qué una adaptación escleral puede necesitar considerablemente más tiempo que una adaptación convencional.
La adaptación no termina cuando encontramos un lente adecuado.
Especialmente cuando el paciente nunca ha utilizado ese tipo de lente, debemos enseñarle a manejarlo correctamente.
La capacitación puede incluir:
Colocación.
Retirada.
Higiene de manos.
Limpieza.
Conservación.
Productos adecuados.
Preparación del lente antes de colocarlo.
Manejo del reservorio en lentes esclerales.
Identificación de errores frecuentes.
Signos de alarma.
El tiempo necesario para aprender varía enormemente entre pacientes.
Algunas personas adquieren rápidamente la habilidad; otras necesitan más entrenamiento.
La capacitación forma parte de la adaptación.
Una vez fabricado el lente definitivo se realiza la entrega.
Habitualmente esta consulta dura aproximadamente 30 minutos.
Comprobamos nuevamente:
Adaptación.
Posición.
Movilidad cuando corresponda.
Visión.
Graduación residual.
Comodidad.
También corroboramos que el paciente haya comprendido correctamente las técnicas de colocación, retirada, higiene y mantenimiento.
Después de utilizar el lente en condiciones reales realizamos una revisión.
Su duración suele ser aproximadamente de 30–60 minutos.
El comportamiento cotidiano proporciona información que no siempre puede obtenerse durante una única consulta.
Dependiendo del caso podemos necesitar modificar:
Parámetros anatómicos.
Curvas.
Diámetro.
Zonas de apoyo.
Bóveda.
Estabilización.
Potencia.
Esfera.
Cilindro residual.
Generalmente, nuestros procesos de adaptación contemplan un cambio de lente cuando resulta necesario realizar un ajuste.
Las revisiones y cambios incluidos pueden variar dependiendo del tipo de lente y de la complejidad del caso.
Antes de comenzar se explica al paciente qué incluye exactamente su proceso de adaptación y se proporciona esta información por escrito.
Hay situaciones en las que el esquema habitual simplemente no puede cumplirse.
Entre ellas encontramos:
Queratoconos avanzados.
Anillos intraestromales.
Trasplantes de córnea.
Ectasias.
Cicatrices importantes.
Cirugías previas.
Complicaciones de cirugía refractiva.
Geometrías corneales extremadamente irregulares.
Estos pacientes pueden necesitar más de un ajuste, más de un cambio de lente y varias visitas antes de alcanzar el resultado final.
Es importante saberlo desde el principio.
Una mayor complejidad anatómica puede implicar más tiempo tanto para los profesionales como para el paciente.
Nuestro objetivo en estos casos no es prometer una adaptación perfecta, sino intentar conseguir el mejor resultado razonablemente posible sin comprometer la salud de la córnea.
Aunque hemos descrito el proceso de forma secuencial, no es necesario realizar todas las etapas durante una única visita.
De hecho, especialmente en pacientes que viajan desde otros estados o desde otros países, podemos organizar las diferentes valoraciones de manera coordinada.
Por ejemplo, un paciente puede realizar previamente su tomografía corneal, acudir posteriormente a su valoración oftalmológica y realizar la adaptación de Contactología ese mismo día o en otra fecha.
La organización dependerá de:
La complejidad del caso.
Los estudios disponibles.
El tipo de lente que probablemente necesite.
Si ya es usuario de lentes.
Su lugar de residencia.
El tiempo disponible durante su estancia en Ciudad de México.
Cuando conocemos previamente estas circunstancias podemos intentar organizar las citas de la manera más eficiente posible.
No existe un número idéntico para todos los pacientes.
Una adaptación relativamente sencilla puede resolverse mediante una valoración inicial, entrega y revisión.
Una córnea compleja puede necesitar estudios adicionales, diferentes pruebas, modificaciones del lente y varias revisiones.
Por este motivo preferimos adaptar el proceso al paciente y no intentar adaptar al paciente a un protocolo rígido.
Nuestro enfoque parte de una idea sencilla:
antes de adaptar el lente, debemos entender la córnea.
En una córnea normal, la solución puede ser tan sencilla como un lente blando correctamente seleccionado.
En una córnea irregular, el proceso puede requerir topografía o tomografía corneal, valoración oftalmológica, diferentes diseños de lentes y sucesivos ajustes.
La colaboración entre Oftalmología y Contactología nos permite valorar tanto la enfermedad que existe detrás del problema visual como el diseño óptico necesario para intentar rehabilitar la visión.
El objetivo final no es simplemente entregar un lente.
Es conseguir, dentro de las posibilidades de cada córnea, el mejor equilibrio posible entre salud ocular, seguridad, visión, estabilidad y comodidad.